-Bueno, no podría decirle
-¿Por qué?
-No se le ha visto en días –dijo nervioso
-Tengo entendido que con usted tiene cierta amistad
-Solo somos vecinos – respondió rápido
-¿Seguro?
-Bueno – dijo resignándose – a veces lo invitaba a mi departamento a tomar
-¿Cuándo fue la ultima vez que hablo con él?
-Hace dos semanas, el se acercó…
-…y le pidió un arma – completo el policía
-Si, pero el muchacho es bueno, es una persona inteligente, no creo que el halla…
-…bueno o inteligente, le pidió un arma y la uso
-pero..
-¿le dijo para que quería el arma?
El anciano, volvió a recordar, no mentía, el nunca mentía, el había luchado toda su vida por decir la verdad, así sean beneficiosas o dolorosas, el las decía, ya no había porque mentir, había dicho lo mas importante
-no me dijo, solo me pidió un arma, yo confió en él
-usted confiaba en él
-mis dos colegas revisaran su departamento – dijo el policía, observando la escalera, dio un respiro y con un colega empezaron a subir, de repente el policía se detuvo, miro al anciano. Le resultaba extraño como aquel anciano, de baja estatura, de mirada infantil e inocente, podía tener un arma, el anciano lo miro, jugaba con sus dedos, nervioso.
-¿Dónde me dijo que vivía? – grito el policía hacia el
-Piso 3, departamento 24 – dijo el anciano con los labios temblándole
Ahí estaba él, frente a ella.
Ella, con su cabellera larga oscura, tratando de no mirarlo.
Él, con un arma en la mano, tratando de dispararle al otro.
El otro, no se imaginaba vivir esto.
Ella se acercó él.
El, la retuvo en su brazos.
El otro inicio el forcejeo.
Ella, salió golpeada por él, y cayó en el suelo.
El, daba todo para solo disparar y de una vez acabar con su sufrimiento ¿importaría ser feliz ahora?
-Ya no – se dijo
El otro, aun no entendía como alguien podía amar por tantos años.
Ella, sabia que decir.
¿Podría ser feliz? ¿Podría arrepentirme el hecho de haber sido feliz con él, cuando puedo ser más feliz con el otro?¿para ser feliz no hay que hacer feliz a alguno?
El acercó su cuerpo hacia el otro, le demostró que podía vencerle, era mas alto, mas fuerte, porque entonces su mente aun no dejaba que hiciera lo que debía, porque la duda vuelve a interrumpir sus acciones, para terminar sin hacer nada.
-No- se dijo – esta vez no te haré caso
El otro, entendió en que se metía
¿Por qué me metí entre dos personas con un largo pasado?¿soy yo el intruso?
Ella se aceraba a ellos, pero ya un disparo, hizo que ella se tirara de espaldas al suelo.
El debía estar con ella.
El otro estaba con ella.
Aun era complicado tratar de recordar los sucesos de hacia dos semanas. Le daban dolores de cabeza con tratar de recordarlo, deseaba pensar cosas inútiles, pero no sabia si sentiría bien con eso, al fin y al cabo, el no pensaba ese tipo de cosas.
Se encontraba desnudo, dormía desnudo, caminaba desnudo, bebía, tomaba, veía televisión, lloraba, leía, jugaba con el celular, volvía a llorar.
Salir de la habitación era una pereza, su cabeza ya se había acostumbrado a ese dolor de haber bebido toda la noche, olía sus dedos, aquel olor de la marihuana lo repudiaba, fue al baño y se miro al espejo.
-¿tan rápido me crece la barba? – se dijo
No se afeito, pero le gustaba tocarse la barba, le gustaba hacerlo, hacia sentir un éxtasis por si mismo, de esos “pelitos” – así los llamaba – que junto a las yemas de sus dedos, le daban como resultado : desearse, segundos mas tarde sus manos podían estar tocando sus pectorales, su abdomen y sin desearlo, sus manos ya estarían masturbándolo.
Pero lo evito, solo se miraba, se guiño el ojo y vacilo, cayendo hacia al suelo sentado.
-Imbecil, debo estar drogado – se dijo
Pero no lo estaba, y el era conciente de eso, le gustaba mentirle a su conciencia, tratar de desequilibrarla, y darle a entender que el siempre se dominaría, y también a los demás.
Se dirigió a la cocina. No le sorprendió el desorden. Los platos rotos en los suelos, la refrigerado abierta, comida tirada por cada rincón, machas en una pared, en otra, olor a alcohol en una mesa, cigarros tirados por los suelos, él miraba y se sentía dentro de una pintura, todo era tan colorido, empezó a dar vueltas en su eje recorriendo, sonriéndole a un público imaginario, que le decía : “otra, otra, otra”. De repente esa sonrisa se le borro.
De repente el entraba al escenario, llegaba con el brazo vendado, tiro la puerta para cerrarla, fue hacia la sala, tiro los muebles, tomo el televisor y lo tiro al suelo, no tumbo el equipo de música, coloco el Cuarto álbum de Led Zepellin, alzo todo el volumen, perdió el control.
Nada de eso valía, rompió hojas, tiraba libros, los escupía, rompió el teléfono fijo de la mesita de la sala, rompió en pedazos la mesita de la sala que era de vidrio, se hizo cortes en las manos pero no importaba, esa era su frase, eso decía su cabeza “no importaba”, fue hacia la cocina.
Un público le aplaudía, abrió la refrigeradora, tiro toda la comida hacia ellos, de repente ese público se convirtió en cerdos, que comían la comida que tiraba. Rompió los platos, abrió la alacena de los licores, abrió su whisky mas caro y tomo una cantidad tan fuerte, que hizo que cayera al suelo tosiendo, tocándose la garganta y lagrimas humedeciendo sus pupilas.
-No lloro por ella, lloro por el dolor de mi garganta – se decía y volvió a repetirlo
De repente una lagrima ya hacia rodeando su rostro. El público gritaba :
-¡Arriba!¡Arriba!
Se levantó, no había cerdos, gente con ropa de gala, con ojos rojos que exclamaban
-¡Arriba!¡Hasta el cielo!¡Si, si, hasta el cielo!
Fue hacia una cajita de porcelana, de esa misma alacena, la abrió y toscamente dejando caer aquel polvo de la cocaína, inhalo, volvió a tomar, inhalo.
Alguien tocaba la puerta.
-Mierda – se dijo – quien interrumpe mi acto – el público empezó a silbar cuando él salio del escenario
La puerta seguía siendo golpeada, eran varios, oía muchas voces, todos tocaban su puerta, el fue al baño, lleno un balde de agua, abrió la puerta, y este quien estará tiro el agua, y las tiro la puerta en la cara, volvió a tomar, volvió a inhalar, su garganta ardía cada vez más, su cabeza quemaba, las venas de su sangre parecían romperse, su cerebro parecía querer salir de su cabeza, apretaba sus manos, solo sentía un extraña sensación de no sentirlas, se río con ese pensamiento
-Siento que no las siento – volvió a tirarse al suelo, burlándose de lo dicho – que imbecil, que imbecil – se decía
El público lanzaba las flores
-¡Viva! - los aplausos, la gente le aclamaba, la gente lo amaba
-¡Por ustedes! – dijo orgulloso, con un pose recta y el pecho en alto, entre su sonrisa, su sudor, su confusión, su mareo, su éxtasis, su alegría, su dolor, vacío toda la cajita en la mesa, “nada importaba” – volvió a decirse – mi publico me aclamaba, ellos si me aman – se dijo, y sin saber que hacer inhalo, se atoro por un momento, pero inhalaba lo que hubiera, no sabia cuanto, solo sentía un ráfaga helada que entraba en su nariz, era como una espada incrustándose dentro de él, una espera helada y que a la vez quemaba
El público aplaudía.
El gritaba.
Ella estaba escondida entre ellos.
El la veía.
El otro, la jalaba de sus brazos.
El público seguía aclamando
El vio el forcejeo, se dispuso a correr sobre ella
El escenario desapareció, había un vació, su cerebro se detuvo, el pensar no existía, una sensación que adormecía la función de dar un paso, esa espada lo había atravesado, su cuello se endureció, de repente se estiraba, como si lo jalaran por la cabeza, querían su cabeza, todo era oscuro, no escuchaba, no decía nada, no veía nada, no respiraba, no sentía la sensación misma de sentir, entonces sintió el suelo, estaba en su cocina, se agitaba, se agitaba, se agitaba……
Miro hacia otro lado, no quería estar en la cocina, solo recordar esa forma en que se había intoxicado, y aun no explicarse como vivía, le resultaba peligroso. Podía estar muerto ahora, ¿Por qué no?, podía estarlo ahora, de repente ya estaba muerto, mi cuerpo había sido sacado de mi departamento por esa gente que había mojado, y ahora me encontraba en solo una replica de mi vida, una especia de vida falsa, para saber que hacer, pero que al final terminara atormentándome, por que creo estar vivo, cuando solo estoy caminando en la muerte, estoy viviendo la muerte, como viví la vida, ahora vivía la muerte, podía ser una dimensión, como una prueba, quizás Dios se aprovechaba de eso, y nos hacia mas ignorante, quizás ya estemos muertos, se decía, pero vivimos con la ignorancia de no saberlo, dejo de pensarlo, aun le resultaba peligroso pensarlo.
¿En que te conviertes cuando el punto final para ser feliz, ya no existe?
Yo soy un soñador. Y he cumplido muchos de mis sueños. No me falta nada, tengo la vida que muchos envidiarían. Puedo tener lo que quiera cuando lo quiera. Pero ella.
¿Qué es ella?
¿Qué papel tuve yo en ella?
¿Ahogarme en mi papel de inmaduro?
Todos tiene su papel de inmaduro, nadie puede madurar, nadie ha sido maduro en su vida, y nunca lo serán, es mas inmaduro el que no sabe cual es su papel como inmaduro, lo necesita saber para ser maduro cuando la situación lo desee. Me siento maduro, diciendo eso, pero solo lo siento, no lo soy, no lo seré, solo soy yo y mi dos mitades comprendidas, me conozco, ¿pero? no tendría que desconocerme para saber cuando me conozco, sentir que cuando sabes quien eres, necesitas desconocerte en parte, para decir : me conozco, una hipocresía que a nadie la importaba, a los simples, a ellos.
Solo la gente simple existe para diferenciarme a ellas – el se decía eso, y solo decirlo, lo hacia sentir superior, lo podía pensar en la calle mientras algún grupo de chicos pasaban, se reía en sus caras, oyendo ese vocabulario según ellos de “macho”, para él todo tenia que ser como él, serian la gente perfecta, era por el bien de ellos, pero ¿seria bueno para mi?, pues no lo era, no podía pensar el hecho de que otros dominaran su territorio, el era así, el pensaba las cosas cada vez que podía, había sido el resultado de una lucha por sobrevivir, al divorcio, a ir de su casa en la adolescencia; a las noches de sexo, drogas y alcohol; al sufrimiento previo de saber que no conseguiría algo, pero llegaba a conseguirlo, a los dilemas de crecer, la amistad, el futuro, el amor, tantas cosas eran capaces de crear a uno, y hacerlo sentir vivo y deseoso por saber más cada día, de experimentar cosas nuevas, de no limitarse a nazco, estudio, trabajo y muero, no, el sobrepasaba el parámetro, era una forma inmoral de acabar con las reglas, un perversidad de su mente hundidas ante las memorias de los roces, de los labios, del sudor, de la excitación, era un sutileza por entrar al agujero correcto, y crear mas salidas, crear mas opciones, un disparo para dejar de pensar tanto, un deseo por beber una coca cola, un recuerdo de él a sus 10 años manejando bicicleta, su mejor amigo abrazándolo, su mejor amigo muriendo de cáncer, su madre golpeada, su cuerpo golpeado, beber su sangre, tomar algo y lastimarse, tomarse a si mismo y excitarse, pensar en si mismo y desearse, era un mundo de pensamientos, de llegar al punto final y tambalearse entre lo dominado y lo desconocido, porque lo conocido, lo dominaba, ¿soberbia? Muchos lo decían, pero el no lo era, el solo decía las cosas como eran, el solo decía : a ti falta esto, esto y aquello. Era una ayuda, el lo tomaba así, pero tampoco era tan duro, cuando podía, ayudaba, y eso era casi siempre.
¿Por qué pensé en eso, y no regreso a pensar en mi punto final? – se dijo, le molestaba que hasta en sus pensamientos, se saliera del tema.
Ella, donde estaría ahora, lo ultimo que necesito para sentirse completo.
Ella es feliz, y el otro también, pero yo no lo soy. Y yo no me conformare con eso. Yo tengo que tenerla ahora, ella debe estar aquí y el otro debe estar muerto.
El otro es el intruso, el otro tenia que meterse entre nosotros, ya era aburrido pensar, lo dejo ahí.
-Empezar de nuevo – se dijo, le sonó tan cursi, que empezó a carcajear, pero aquella risa seguía durando, su mente seguía recordando, la memoria hacia su presencia, sus amigos, el calor del trabajo, la vida social, las noches, recordaba las bromas, las anécdotas, todo tan lento, pero el lo recordaba rápido, y esas risas no podían evitar el hecho de que el lloraba, que su rostro volvía a empaparse, de tirarse boca abajo en su cama, y que esas risas acababan en un fuerte llanto, contraído por mucho tiempo.
¿Dónde quedo yo?¿donde esta mi lugar ahora?
Si estoy afuera, seré el mismo de siempre, escondido solo pensare en aquello, en su partida, y en el hecho de no tener un punto final, de encontrarme sin una puerta que cerrar.
Ella, ahí sobre sus 24 años, sobre aquella niña inmadura que conoció, y que se convirtió en una gran mujer, y de esa amistad, de esa calidez de su compañía, esa necesidad de siempre estar juntos, esa conexión, parecida al amor de infancia, estaba molesto : yo la conozco más, el no, yo se que dice su rostro, el no lo sabe, yo se que puedo querer ahora, y el no lo sabrá, porque a él, porque elegirlo a él.
Cuando no se puede llorar, solo es cuestión de minutos para sentir que dentro de tu cuerpo, hay una sensación de contracción, sientes como tu cuerpo se hace pequeño y es doloroso, como tus pulmones no parecen existir, y el respirar es dificultoso, tu cerebro esta quieto, cansado, de repente ese cerebro pesa mas que tu cuerpo y no puedes levantarte, solo deseas quedarte ahí, en ese silencio, oyéndote respirar y cerrando los ojos, para quedar profundamente dormido, él y unos sueños vacíos, en su desnudez, en sus 24 años, en su habitación blanca, parte del departamento numero veinticuatro, tercer piso
-No molestar, no molestar – era lo ultimo que pensaba